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  • Dr. Contreras

Cómo influye la enfermedad psiquiátrica en la enfermedad cardiovascular

Además de los factores ya bien conocidos sobre el desarrollo y evolución de la enfermedad cardiovascular, como la obesidad, la falta de actividad física, el tabaquismo, diabetes, factores hereditarios, mala alimentación entre otros, el estado de ánimo (depresión, ansiedad, enojo y estrés), así como factores de personalidad y psicosociales se han asociado tanto al desarrollo como a la progresión de la enfermedad cardiovascular y eventos cardiacos (infartos, taquicardias etc).


Pongamos las cosas en contexto, entendemos a la enfermedad cardiovascular como un grupo de enfermedades que afectan al corazón y los vasos sanguíneos, como la hipertensión arterial, la enfermedad coronaria, el dolor torácico, la insuficiencia cardiaca entre otras, que consecuentemente llevan a infartos y otros eventos fatales. Estas enfermedades constituyen la principal causa de discapacidad en los países occidentales, y la segunda causa de muerte, solo por detrás del cáncer. Actualmente constituye una afección muy frecuente e importante, que vale la pena seguir estudiando y sobre todo seguir reduciendo factores de riesgo, pues la mejor forma de combatir este tipo de patologías, es la prevención.


Se han descubierto que múltiples factores de tipo psicosocial tienen un impacto alto en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular, como son los estado afectivos negativos, entiéndase la depresión, la ansiedad y el enojo, también ciertos factores de personalidad, por ejemplo el patrón de conducta de Tipo A, la hostilidad y la personalidad de Tipo D. Pero ¿qué tanto afecta este tipo de conductas y patologías en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares?, eso lo veremos a continuación.


La depresión mayor es por mucho la enfermedad que más tiene impacto en las enfermedades cardiovasculares, encontrando casi un doble de probabilidad de padecer alguna enfermedad cardiovascular, en los pacientes que padecen depresión, sobre todo se asocia con un alto índice de eventos vasculares cerebrales (“derrames”). Se ha visto en varios estudios que el riesgo va en aumento en medida que la depresión evoluciona, es decir, una depresión crónica o de largo plazo aumenta aún más el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Hablando de depresiones, existe una que se denomina “depresión resistente a tratamiento”, que como su nombre lo indica, es aquella que no responde a múltiples tratamientos, en esta, la probabilidad de sufrir un infarto, en comparación con aquellas personas que no presentan el diagnóstico es de hasta 3 veces mayor. La evidencia de esto ha sido tal, que muchas asociaciones internacionales han sugerido que todos los pacientes con depresión mayor diagnosticada sean evaluados en búsqueda de otros factores para prevenir enfermedades cardiovasculares.



Por otro lado están los trastornos de ansiedad, en los cuales se ha demostrado que el padecerlos, aumenta la incidencia de la aparición de enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, en un estudio donde se siguieron durante 37 años a sujetos que padecían ansiedad, encontraron que el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular, principalmente infartos, era el doble que en la población en general.


También existe bastante evidencia científica que apunta que la combinación de trastornos depresivos con trastornos ansiosos (algo bastante común) aumentaba hasta 3 veces el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca, principalmente arritmias e infartos.


En otra categoría, hablando de problemas relacionados con el enojo, la ira y la hostilidad, existen estudios muy interesantes sobre su asociación con enfermedades cardiovasculares. En los pacientes cardíacos que a la vez cuentan con niveles altos de enojo y hostilidad presentan un peor pronóstico cardiaco, siendo esta asociación mayor en los hombres que en las mujeres. También se observó que a mayor tiempo de evolución con esta combinación el riesgo de alguna complicación seguía aumentado. Por lo que no está demás pensar que tal está nuestro nivel de enojo y hostilidad.



Al parecer la evidencia apunta a que la asociación es hacia ambos lados, es decir, no solo las enfermedades psiquiátricas tienen impacto sobre la enfermedad cardiovascular, si no también a la inversa, por ejemplo sabemos que en la enfermedad cardiovascular, la depresión es el que más se ha demostrado asociada, encontrando que 1 de cada 5 pacientes que sufrieron un infarto padecerán un trastorno depresivo mayor en un futuro. También se ha demostrado que los pacientes hospitalizados por un infarto agudo al miocardio que padecían depresión, sufrían de mayor riesgo de muerte en los 6 meses posteriores. En otro estudio científico se demostró que los pacientes que sufrían depresión en hospitalización por alguna enfermedad cardiovascular, y que eran tratados, a medida que su depresión mejoraba, existía una reducción del riesgo de otra enfermedad cardiovascular, es decir, existe una influencia causal entre depresión y enfermedades cardiovasculares.


Y así podemos encontrar muchos otros ejemplos y evidencias de que los factores emocionales, de estrés, de personalidad, conductuales y otros, están íntimamente vinculados con las enfermedades cardiovasculares, ya sea aumentando su probabilidad de aparición o empeorando la evolución de estas, por lo que los invito a hacer un análisis de que tal estamos en estos temas y si tienes la intención de prevenir enfermedades tan graves, desgastantes y caras como las enfermedades cardiovasculares, visita a un experto en salud mental.


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