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  • Dr. Contreras

Sobre medicamentos psiquiatricos

Ningún tema más controversial como el de los medicamentos psiquiátricos, muchos mitos, teorías sin sustento, dudas y miedos por parte de los pacientes que toman, o son candidatos a tomar fármacos psiquiátricos o psicofármacos, así como por familiares de pacientes que toman psicofármacos. Por lo que espero con este artículo desmitificar algunos de los más comunes miedos al respecto del quehacer del psiquiatra y de los medicamentos que utilizamos.

Primero que nada me gustaría dejar claro que es falso que los psiquiatras sólo prescribamos medicamentos, sin duda los recetamos con mucha frecuencia, pues conocemos las bondades de sus efectos y la utilidad y beneficios que brindan a quienes consideramos que los necesitan, pero de ahí a que el recetar sea lo único que hagamos es diferente, y además, como bien puede comprenderse, hay diversos tipos de psicofármacos, empleados con muy variados fines. No debería resultar extraño que los médicos psiquiatras prescribamos medicamentos; hasta el momento no se ha sabido de quejas contra oftalmólogos por prescribir colirios, endocrinólogos por recetar insulina, o pediatras por prescribir jarabes con sabor a grosella, pero irónicamente a los psiquiatras no se nos considera igual.


Respecto de los medicamentos que empleamos, el mayor mito y desafortunadamente el mayor freno para que los pacientes acudan a consulta es el fantasma de la adicción. “Las medicinas que te dan crean adicción y no vas a poder dejar de tomarlas”, nada más parcial e incompleto. Efectivamente podemos prescribir tranquilizantes como las benzodiacepinas (diazepam, lorazepam, clonazepam, alprazolam), fármacos que tienen un reconocido riesgo de –dependencia- (ojo, dependencia no es lo mismo que adicción), pero cuando se emplean razonadamente, bajo la estrecha supervisión del médico psiquiatra, en dosis adecuadas y por tiempos suficientes, se podrá ir retirando el medicamento cuando su condición lo permita. Debe insistirse que no está a discusión si son medicamentos potencialmente adictivos, pero que cuando se emplean de manera correcta se pueden dejar de usar sin dificultad; otro asunto es ya el abuso en su consumo, de forma errática y sin supervisión, su consumo como “recreativo” o su consumo en personas con antecedentes de otras adicciones, en esos casos el riesgo sí es muy elevado y ahí si se considera una –adicción-.


Los antidepresivos, por otro lado, se dice que generan una “felicidad falsa y artificial”. Este es otro mito impide que mucha gente que puede beneficiarse de los efectos bioquímicos de estos fármacos, los que al generar cambios en las concentraciones alteradas de los neurotransmisores (sustancias químicas que se transmiten de neurona en neurona, para enviar señales en diversas áreas del cerebro), permiten que la persona regrese progresivamente a su estado de ánimo habitual. Hay una gran variedad de fármacos antidepresivos, que tienen diferentes características y por tanto pueden ser utilizados con altos índices de eficacia según las características de la depresión y del individuo que la sufre.



Parte de la resistencia a la toma de medicamentos proviene de este estigma alrededor de las personas con síntomas mentales. Es por ello que los psicofármacos están rodeados de ingeniosos (pero lamentables) mitos como “si tomas esas pastillas quiere decir que estás loco”, “las pastillas las usan para lavarte el cerebro”, “con las pastillas te quitan tu voluntad y tu libertad, te controlan”, “si las tomas, las vas a necesitar por siempre”, y un triste etcétera. Es esencial que los usuarios de los servicios de salud hagan una introspección y exploren si ellos mismos mantienen la creencia en estos mitos. El personal de salud debe ser hábil en reconocer estas creencias para informar con base en la evidencia que dichos mitos no son reales y que el beneficio de recibir una apropiada terapéutica psicofarmacológica, es mucho mayor de los posibles efectos secundarios que se puedan presentar durante el tratamiento.

Los invito a acercarse con un especialista en la rama de la salud mental para preguntar acerca de las diferentes dudas que puedan existir sobre un tratamiento psiquiátrico.


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